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¡Necesitamos tus servicios!

23/03/2014(LISBOA. PORTUGAL). “Mi nombre es R. P. y ¡necesitamos tus servicios! Hoy ha saltado la noticia… y-blablablabla… queremos declaraciones de los familiares de las víctimas”. A veces me pregunto si los alcachoferos y los periodistas somos los mismos. En mis días buenos pienso que no. Que quizá seamos sólo dos calles que confluyen en la misma plaza: un reportaje a tres columnas, los minutos a la deriva de una crónica radiofónica. “Os puedo ofrecer una pieza, con o sin fotos, para explicar con fuentes propias el contexto, que es complejo y todavía espera ser contado”. Aquel cruce de correos electrónicos sigue sin respuesta; su ausencia me ha robado unos cuantos euros. Algunos nadies gustamos de caminar con los bolsillos agujereados, lejos de una propuesta sin brújula empecinada en rascar en el morbo, como si el dolor fuera episódico, la enésima escena de una película llamada vida.

La belleza es una mierda

05/08/2013. (BURGOS). La verdad es una mentira, la ética apesta y la belleza es una mierda. La primera la dicta el Gobierno de tu(r)no, la segunda es cuestión de la mayoría (en riguroso singular excluyente) y ¿la belleza? A ésa la han convertido en una mujer desnuda (en riguroso singular normalizador) anunciando un perfume. Pero también están equivocados. La verdad, la ética y la belleza son demasiado importantes como para entregarlas con desdén al enemigo. Pero la nuestra será siempre, por fortuna, una historia inconclusa. Por eso tenemos que seguir soñando, leyendo y escribiendo. Yo me quedo en mi página en blanco, mi opinión pendiente de la delgada coartada que permite la última crónica del día. También a veces se me olvida que sólo soy espectador, con el corazón hundido en un bolsillo de mi pantalón.

Mi primera vez

18/04/2012. ASUNCIÓN, PARAGUAY. Nunca estuve perdida, más allá del despiste habitual de las circunstancias, aunque a veces parezca que no tengo brújula. Pero al final, no sé si la insistencia o la necesidad, estoy dentro. Ya no hay escapatoria. Aún conservo cartas atadas con un lazo azul marino, recortes de periódicos por decenas, cajas de zapatos con notas, imágenes y revistas, carpetas con papelotes que nunca encuentro, revistas que no sé muy bien qué significan, papelitos con frases que en su día me dibujaron una sonrisa, agendas de la universidad y qué sé yo cuántas cosas que me niego a tirar, pero que no sé dónde ubicar.

Aún conservo todo aquello que me aferra a libertad, pero a mi pesar y a estoy en las redes sociales. ¡Y cuánto tiempo les dedico! Menos mal que intento justificarlo como una de mis innumerables contradicciones, esas que me hacen pensar y dudar. Pero ahora ya no hay duda. Estoy aquí, escribiendo un blog, una decisión postergada desde hace unos cuatro o cinco años. ¿He recuperado la brújula?, ¿estoy totalmente cuerda?

Espero que no. Que mi resistencia de antaño se traduzca ahora en palabras. Ya era hora de sentarme a escribir, a ver si me brota algo. No se me ocurre nada…. Cuando me acuerde de lo que quería decir ya sabré dónde venir, aunque siga estando perdida. O desplazada.

No quiero entrar en tu garito

28/10/2011. (ASUNCIÓN, PARAGUAY). Dicen que nunca Asunción estuvo tan segura y protegida. Yo jamás vi tantas armas de fuego como ahora. Espalda con espalda, los uniformados ocupan cada esquina munición en mano. ¿No es, que diría Locke, como si para proteger un patio de gallinas del zorro lo pusieran bajo la protección del lobo? Es la trastienda de la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado, donde caben tanto reyes como zapateros, con el traje como pasaporte de tránsito. Cuando me cruzo con alguien acompañado de una corbata pienso: ¡qué felices somos los tres! La alta política es muy proclive a reducir los mensajes a imágenes. Yo en esta Cumbre no ‘cabo’. Y las ‘tierras malhabidas’ quedan para mañana. Así que me voy por peteneras y, para las últimas líneas de este brevario, pinto unas prostitutas. Porque al fin y al cabo todos llevamos una dentro. Pero también porque son realmente honestas, ahora que el motivo esencial es el dinero. Democracia. Dicen.
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