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“Tan importante como contar el mundo es saber quiénes nos lo cuentan”. Premi Joan Gomis (2/2)

17/03/2021. (BARCELONA). [Extracto del discurso de recepción del Premi Joan Gomis 2020. Categoria trajectòria periodística]

(…) [Comienza aquí]

Hablar, escribir y reportear sobre agua lleva a abordar infinidad de temas. Es un aprendizaje constante. Y eso es lo bonito del periodismo. Esta profesión, golpeada y ninguneada, demasiadas veces también desde dentro, nos ha ofrecido el privilegio de conocer a gente extraordinaria, de aprender multitud de cosas que ni imaginábamos, de estar en lugares singulares y de hacernos muchas preguntas todos los días. Porque nos gusta caminar entre las dudas y por los caminos de tierra.

Aunque somos en cierto modo personas privilegiadas por todo lo que nos ha ofrecido esta profesión, queremos aprovechar este altavoz para denunciar los sueldos de miseria y las rácanas tarifas por las colaboraciones, sin olvidar la entrega que exige, en número de horas, hacer un buen trabajo. Si esto no cambia, el periodismo se va a quedar en manos de unos pocos, aquellos que parten con recursos económicos y colchón suficiente. No podemos permitir que siempre acaben escribiendo los mismos. Porque tan importante como contar el mundo es saber quiénes nos lo cuentan.

Pd. El acto de entrega se celebró el lunes 15 de marzo de 2021 en Barcelona, en la sede del Col·legi de Periodistes de Catalunya.

Perdí mi tarjeta de crédito, perdí mi identidad

21/12/2019tarjeta Quien me conoce sabe sin dudar que soy extremeña. De Cáceres. De Navalmoral. Un poco más de Bohonal. Pero no lo pone en ningún lado. Quizás no es importante que lo ponga, pero en tiempos de identidades remarcadas y banderas tendidas algún papelito que lo certifique no vendría mal. Al menos, mi orgullo de pueblo lo reclama.   Cosas de la vida, de las autonomías y de la falta de recursos públicos en Extremadura, fui a nacer a Talavera de la Reina, en Toledo, el hospital que en los años 80 estaba más cerca de mi pueblo. Fui a nacer yo y toda mi generación de la comarca. Y no estoy hablando de la Tierra Media. Así que mi DNI pone que soy toledana, castellano manchega o bola, tirando de jerga. Y no es baladí porque no sé la innumerable cantidad de veces que he tenido que rellenar impresos donde me pedían el lugar de nacimiento. A ver, la provincia de Toledo no me es lejana, al contrario, y a Talavera he ido de excursión, de médicos, de compras o al cine, vamos de recaos, pero de ahí no me siento.   Toda mi familia, padre, madre, abuelas y abuelos (sí, en plural) ha nacido en el mismo pueblo de ahora 600 habitantes: Bohonal de Ibor. No tengo escapatoria, mi sangre lleva el apellido de mi río. De hecho, si tiro de árbol genealógico y reparo en bisabuelos y tatarabuelas la cosa quedaría en los mismos metros a la redonda. Pero para los papeles burocráticos, soy forastera.   Durante años, mi consuelo fue el lugar de residencia: Navalmoral de la Mata. Nunca cambié el padrón, a pesar de haber vivido en lugares variopintos. Pero, nuevamente cosas de las autonomías, o del concierto vasco, o de la Hacienda de Bizkaia, hace poco más de dos años me tuve que empadronar en Bilbao, aunque todo el mundo sabe que de ahí no soy. Y el trámite me supuso un disgusto, una renuncia, un dolor, casi un duelo. ¿Cómo demuestro que soy extremeña si nací en Talavera y vivo en Bilbao? Mi acento aún ayuda a situarme, bueno, o no, porque mucha gente me descoloca de lugar. Cáceres existe, y las de ahí tenemos acento, y no es el andaluz, ¡por favor!   Escribo todo esto porque se me ha caducado la tarjeta de crédito, que no sé en qué año fue expedida, en el no sé cuántos de era precrisis: ¡era de la Caja de Extremadura! Verde intensa, bien bonita y con la palabra Extremadura muy presentera. ¡Anda que no me daba gusto a mí pagar la gasolina o la compra con mi tarjeta! Pues se caducó.Y la ahora Liberbank (vaya nombre, por cierto) me ha mandado una tarjeta blanca, neutra, horrible, que ya ni me pide pin si gasto menos de 20 euros. Ya no me gusta pagar, porque ni para las cosas del dinero y del consumo aparece Extremadura.   Qué ironía: mi apego a mi identidad escrita era una tarjeta de crédito. Tendré que hablar más alto.

Un mail que nunca quise leer

05/11/2018. Recibo el típico mail que te llega porque estás en una lista de distribución. Muchos, la mayoría, no los abro y los borro según aparecen en la bandeja de entrada. Otros, los menos, los guardo para leerlos con tiempo. Pero éste que acabo de recibir tiene un futuro incierto: dudo en si tirarlo directamente o en si leerlo detenidamente. Sé su contenido, no los detalles, que, tal vez, no me interesan. ‘Decimos hasta siempre’ reza en el asunto. La Revista Pueblos cierra. Sí, así de simple y de duro. Siento pena, tristeza, rabia y mucho enfado. Sé desde hace tiempo que este final estaba escrito, incluso tenía más o menos claro la fecha de defunción, pero no estoy lista para recibir la esquela. Pueblos es una revista de esas que apenas quedan, de las que se coleccionan, que se guardan. Sus temas siempre pueden ser leídos en distintos momentos y lugares. De hecho, en la última editorial recuerdan que los artículos con los que arrancaron en 1998 podrían haber sido publicados hoy mismo. 20 años lleva la Revista Pueblos en la calle (decir mercado en este caso sería un sacrilegio) ofreciendo miradas amplias, voces periféricas, e interrogantes infinitos. Seis años llevo escribiendo historias en sus páginas. Excepto las dos primeras, que fueron gratis (en mis primeros momentos como autónoma aún me quedaba mucho por aprender y defender), siempre he sentido que mi trabajo ha sido valorado. Incluso, en una ocasión, cosas de esta profesión, aceptamos, junto con Jairo Marcos, de ahí el plural, el reto de maquetar un número. Cuando cierra un medio que ha confiado en tu trabajo, en tu profesionalidad, en tu punto de vista y en tu narrativa sientes que el fracaso ha ganado una batalla. No entiendo ni comparto el cierre de la revista, pero acepto que en tiempos de clickbait, de redes sociales, de imágenes y de titulares que encajen en un tuit Pueblos pareciera un anacronismo, más que necesario. Se cierra de nuevo un medio que invitaba al reposo y la lectura pausada, ésa que tanto nos hace falta. Se cierra una pequeña casa para mi trabajo. Y yo no puedo estar más triste. Abro el correo y escribo, para quien quiera leerlo, que lamento el cierre de Pueblos. Aún no he recibido respuesta. Disculpadme, pero estoy de luto.  

Nadie puede ser libre sin la libertad de Palestina

09/07/2018. Esta semana, maquinaria pesada israelí ha derrumbado sin pudor parte de una aldea palestina: buldócers frente a chozas y tiendas de campaña. Imagen que resume, de un vistazo y sin matices, la situación de Palestina. 30 familias, unas 180 personas, están a la espera de una decisión de los tribunales después de que, tras la protesta, se haya paralizado el derribo de unas casas en las que vivir ya era todo un reto. Israel, la fuerza de ocupación, limitaba el acceso al agua y a la electricidad a la población.     Apenas hoy he decidido reabrir el cuaderno de notas del reciente viaje a Palestina para buscar el nombre de aquel pueblo beduino que, nos informaron, iban a demoler: Khan al Ahmar. Se ha cumplido el desolador aviso.     Lo duro del viaje, lo complicado del regreso y la envoltura de la rutina apenas me han dejado volver a las notas. Que sean muchas y dolorosas también frena el ímpetu de repasar lo que escribí, a veces sentada, otras andando, en el microbús, en el instante, o al rato, tras asimilarlo; con varios bolígrafos, en libretas llenas y en hojas sueltas, también en el móvil.     Entre los días 20 y 27 de junio, he visitado Cisjordania formando parte de una delegación organizada por la oenegé Sodepaz. En las notas de prensa que se han enviado a los medios, constatábamos la vulneración de los derechos humanos de la población palestina por parte del Gobierno de Israel. Lo de Khan al Ahmar es, lamentablemente, un ejemplo más.     Nada más aterrizar, una noticia golpeó al grupo: la detención Wael Alfaqeeh, el agradable guía que nos acompañó en Nablus, tras visitar el centro cultural que dirige, Tanweer, que trabaja con la juventud y lucha contra la expropiación de terrenos a la población palestina. “Vuestra visita nos da esperanza”, nos dijo. Al ser una detención administrativa, se desconocen los cargos que se le imputan, por lo que Alfaqeeh no podrá acceder a una defensa legal ni a un juicio justo, quedando así al arbitrio de los tribunales militares israelíes.     Al abrir el cuaderno para buscar el nombre de la comunidad beduina, he releído frases que, por su contundencia y dignidad, estrujan mi estómago y hacen temblar a mis dedos frente al teclado. Como ésta de Munther Amirah: “Nuestra fuerza viene de nuestros derechos. Nunca puedes decir que no hay tiempo suficiente. Tenemos que tomarnos nuestro tiempo, respirar y ver cómo cambiar las cosas”.     Amirah, por cierto, acaba de salir de prisión tras cumplir una condena de seis meses por participar en una manifestación pacífica que pedía la libertad de Ahed Tamimi, encarcelada con tan solo 16 años, y de su madre, Nariman Tamimi, detenida cuando iba a visitarla. “Una vez más, las autoridades israelíes están respondiendo a las protestas pacíficas con encarcelamiento arbitrario”, ha dicho Amnistía Internacional. Este organismo también ha criticado de manera pública la detención de niñas y niños: “La detención y el juicio de Ahed Tamimi en un tribunal militar es un ejemplo de la discriminación institucional típica del trato a los niños palestinos que participan en el activismo y muestra cómo Israel está violando sus obligaciones internacionales de derechos humanos con los niños”.     Otra de las sentencias de Amirah también la tengo subrayada: “Soy palestino y vivo en campo de refugiados, pero cuando voy a Hebrón pienso que no sé cómo pueden vivir allí”.     Y es que, la dureza a la que se enfrenta a diario la población palestina de Cisjordania está atravesada por múltiples formas de opresión, exclusión o discriminación. La situación es similar pero las estrategias de acoso varían según si eres beduina, vives en Jerusalén, estás presa, tienes que cruzar un checkpoint a diario, Hebrón es tu ciudad o has nacido en un campo de refugiados. “Bajo este sistema existe una jerarquía de opresión entre los ocupados o colonizados: lo de Gaza es peor que lo de Cisjordania, Cisjordania es peor que Jerusalén, Jerusalén es peor que Nazaret [ciudad que forma parte del Estado de Israel desde 1948, pero donde sigue viviendo población palestina]. Pero todos estamos bajo la ocupación” , nos dijo Budour Hassan, trabajadora de Jerusalem Legal Aid and Human Rights Center.     Hebrón es, bajo mi perspectiva, la situación más aberrante, inhumana, asquerosa y cínica de la ocupación ilegal de Israel. No incluyo Gaza, porque no hemos podido visitar la franja. En Hebrón, otrora pulmón comercial de Palestina, tuvimos como guía a Badee Dwaik, quien coordina a un grupo de personas que se dedica a grabar los abusos de los soldados israelíes en la ciudad para difundirlos en redes sociales.       También acaba de ser detenido –de hecho, he tenido que editar el texto justo cuando iba a publicarlo, porque la realidad palestina va aún más rápida que los tiempos mediáticos; siempre hay un nuevo atropello que denunciar-, junto con otras personas activistas palestinas y de otros países, por grabar cómo se está construyendo un nuevo asentamiento en la ciudad de Bani Na’im, cerca de Hebrón. Por supuesto que es ilegal, igual que todas las colonias israelíes que se extienden por Cisjordania: la Convención de Ginebra prohíbe el traslado de población civil a un territorio ocupado. Pero las órdenes de demolición sólo llegan para las aldeas beduinas.       La vuelta está siendo dura por comprobar, ahora desde la distancia, pero con la cercanía que en ocasiones ofrecen las redes sociales, cómo “el derecho de sobrevivir no está garantizado”, como nos dijo Budour Hassan, quien buscó palabras muy descriptivas para explicar la situación del pueblo palestino: limpieza étnica, apartheid, hegemonía o dominación.       La tristeza de lo visto, de lo anotado, de lo que nos llega ahora a través de las redes es sobrepasado por la dignidad de las gentes palestinas. Munther Amirah cree que hay tiempo para que las cosas cambien: “El objetivo es dar sentido a nuestras vidas, lograr la libertad”.       “No queremos ver el papel de la comunidad internacional sólo como solidaridad y apoyo. Necesitamos socios. Es un deber y una responsabilidad, porque nadie puede ser libre si yo pierdo mi libertad”, nos interpeló Bassem Tamimi, el padre de Ahed y el esposo de Nariman, quien también tiene otro hijo en prisión; los tres por resistir pacíficamente a la ocupación.       Es hora de transcribir mis notas y compartirlas, porque sólo entré para buscar un nombre y he encontrado muchas sentencias y varios ejemplos que nos deben interpelar. Como ésta de Suha, una de las usuarias del centro de cultural que dirige Alfaqeeh: “Seguiremos resistiendo como el aceite de oliva”.       Este texto fue publicado inicialmente en el blog de la redacción de Pikara Magazine.

Los soportes que nos ayudan a no tirar la toalla

26/01/2018(TORREMOLINOS) Estar aquí hoy para recoger este reconocimiento es muy importante y especial para nosotros. Gracias al ayuntamiento de Torremolinos y a las personas del jurado que decidieron que nuestro reportaje mecería esta proyección. Un agradecimiento que nos sirve también de alas para seguir trabajando, buscando historias y contándolas. Historias de disidencias, de luchas, de márgenes, de periferias, de desplazamientos, que salgan de la agenda mediática y que nos recuerden la diversidad del mundo y de las personas que vivimos en él. Este texto nació a raíz de la amistad con Óliver, uno de los protagonistas del reportaje, que siempre nos contaba, rompiendo prejuicios, que ser gay en un pueblo es mucho mejor que salir del armario en una ciudad. Su forma de romper tópicos y prejuicios sobre los entornos rurales nos inspiró. Por eso, queremos dedicarle este premio a Óliver, que nos inspira, nos cuestiona, nos enseña. Y tampoco podemos olvidar a Elsa y a su mamá, Anabel, que accedieron a contarnos su historia de disidencia desde las entrañas, la cercanía, desde la duda, desde el amor y el aprendizaje colectivo. Esta historia habla de Extremadura y de sus gentes, tierra olvidada y saqueada, tierra que nos recuerda quiénes somos y hacia dónde vamos. La curiosidad permanente, el cuestionamiento constante y la necesidad de construir un mundo más justo y equitativo son los soportes que nos ayudan a no tirar la toalla y a seguir en esto del periodismo. Ser periodistas nos brinda el privilegio de vivir otras vidas, de encontrarnos con personas que comparten con nosotros parte de su corazón por el mero hecho de confiar en nosotros. Es el mejor regalo de la profesión y a todas ellas va este premio. Pero no nos vamos a engañar, por muchos agradecimientos y palabras bonitas que pongamos hoy encima de la mesa, los premios son excepciones muy alejadas de las miserias que sufrimos cada día los colaboradores a la pieza. Porque lo habitual no es recibir un galardón, sino una bofetada periodística en sus muy diversas formas. Sucede cuando ningún medio cree en la propuesta de una cobertura, cuando ni responden, cuando simulan interés pero solo te ofrecen visibilidad, cuando la situación mejora y finalmente emites la factura (que suele ser irrisoria) pero en tu cuenta no llegan las novedades hasta pasados unos meses, cuando los tuyos siguen preguntándote si alguna vez vas a tener ‘un trabajo de verdad’; en definitiva, cuando la humanidad parece estar siempre en una vocación diferente a la tuya. Por eso también queremos que este premio sea de todos aquellos freelance empeñados en contar historias en mitad de la tormenta y sin ningún paraguas contractual que les proteja. El Periodismo no sería posible sin todos vosotros. Y por último, gracias a Pikara Magazine, la revista donde publicamos este reportaje, por confiar nuestras historias, por seguir demostrando que otro Periodismo es posible, por tratar a los colaboradores con cariño. XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX Discurso leído en el acto de entrega del II Premio Internacional de Periodismo Pedro Zerolo. Categoría Digital

Cuando la periodista Ximena Marín nos la jugó

29/07/2017. Ser periodista freelance suena bonito, como una mezcla entre moderno y bucólico. Practicar “la profesión más hermosa del mundo” –cada vez tengo más dudas- en tiempos que exigen rapidez, habilidad, manejo de diferentes lenguajes y formatos es en muchos casos una lucha contra una misma, contra el sistema mediático, contra las tarifas y, a veces, contra la mala uva de compañeros. Sí, porque a nosotros, a Jairo Marcos y a mí, Ximena Marín, cuyo nombre ocupa hoy varios titulares (siempre me ha parecido un horror que alguien periodista sea protagonista) por inventarse entrevistas, nos la jugó hace dos años. Tras algunos primeros trabajos para La Tercera de Chile, nos aceptaron una entrevista con Pablo Iglesias, persona del momento en la política española tras los buenos resultados de las elecciones locales y autonómicas de 2015. Su equipo de prensa nos aceptó la entrevista, pero tendríamos que esperar algún tiempo porque, ante la vorágine mediática en la agenda del líder de Podemos, los medios foráneos debían esperar. No había ningún problema. No nos gustan las informaciones de última hora, ni tampoco nos parece fundamental llegar los primeros. Optamos por contar las cosas bien, de manera reposada y contextualizada. Como aprendimos de Paco Gómez Nadal, “queremos contar los procesos, no los sucesos”. A la espera estábamos, mientras escribíamos de ríos e informábamos sobre el Canal de Isabel II, tema que también se puso de moda tiempo después, cuando recibimos un mail con un claro tono de enfado de la anterior jefa de prensa de Pablo Iglesias-digo enfado por no decir en tono acusador, ahora que releo los mails-: La Tercera había publicado una entrevista con el político, que nunca se había producido, decía, firmada por Ximena Marín. ¿? No teníamos ni idea. Era la primera vez que escuchábamos el nombre de esta periodista. Escribimos al periódico y le contamos la información que nos había llegado. La entrevista, nos dijeron, se había publicado porque el editor de otro medio chileno había recomendado a Ximena Marín. Hicimos de intermediarios entre ambas partes, prensa de Podemos y medio, sin tener nada que ver: está claro que los perjudicados éramos nosotros porque habíamos perdido un trabajo y no estaba la cosa (ni está) para desperdiciar temas. Desde un lado mostraron inquietud, desde el otro, alucinaron. Nosotros estábamos en medio, porque no sabemos por qué razón no hablaron directamente ambas partes. Y tuvimos que andar pidiendo disculpas, defendiendo nuestro proceder y asumiendo que habíamos perdido un tema. Dos años después, pasando el rato muerto en Twitter, un retuit de Xavier Aldekoa nos devuelve el nombre de Ximena Marín: la profesión estaba conmocionada en Chile, varios medios españoles se han hecho eco de los inventos… ¿Reímos o lloramos?, ¿el tiempo pone a cada quien en su sitio? Lo que está claro que la mala praxis de una persona –me niego a llamarle compañera- nos golpeó; y no fue una anécdota. Varias malas praxis, que coincidieron en el tiempo, de varias personas de la profesión –éstas con mucho más nombre- también nos afectaron. ¡Qué falta haría un poco más de corazón en el periodismo, como dice Jairo Marcos! ¡Hasta para escribir emails! Amarramos el barco, pero seguimos caminando despacito y por carreteras secundarias, porque no tenemos ningún interés en llegar los primeros.

la tercera

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